Exposición “Haenyeo” de Blanesth en el Centro Cultural Coreano

El Centro Cultural Coreano presenta la exposición de pintura “Haenyeo” de la ovetense Blanesth, un proyecto extenso de 15 pinturas que articula visualmente la vida y los ritmos diarios de las Haenyeo, un grupo de mujeres que viven en la isla volcánica de Jeju, cerca de la costa de Corea del Sur.

Hasta el 28 de marzo se podrán contemplar estas obras y profundizar acerca de la vida y trabajo de estas mujeres. La exposición incluye un tríptico a gran formato.


La isla de Jeju, joya natural, considerada una de las Siete Maravillas Naturales del mundo, según la UNESCO, es el escenario protagonista de esta exhibición centrada en las “mujeres del mar”, las Haenyeo. Inspirada en unas poéticas y misteriosas fotografías de un mar oscuro, turbio y de un verde intenso es como Blanesth descubrió a las Haeyneo, decidió llevar a cabo una investigación y contar su historia, viajando a esta maravillosa isla y creando un mundo submarino poético pero real.

Desde hace siglos las mujeres de la isla de Jeju se sumergen hasta 20 metros a pulmón libre para capturar marisco a diario. Se ganan la vida buceando, con una edad promedio de 65 años. En diciembre de 2016 la UNESCO incluyó a las Haenyeo en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Haenyeo significa literalmente mujeres de mar, la suma de las palabras hangui y hanja. Ya en documentos que datan de 1629 se menciona a jamnyeo, mujeres que convivían con hombres buceadores recolectando marisco del mar.  Actualmente este trabajo solo es realizado por mujeres. Sin la ayuda de ningún equipo suplementario de oxígeno y mediante apnea alcanzan los 20 metros de profundidad y son capaces de aguantar el aire hasta dos minutos.  Su trabajo se llama muljil y es una mezcla de reto atlético, de vigilancia y preservación del ecosistema marino y artesanado en las labores de pesca submarina. Se ayudan con unos pesos de plomo para una inmersión más rápida y en la superficie del agua, a flote, queda la boya o tewak, con una canasta colgando de ella donde depositan lo que recolectan. Para ello no llevan más que un par de gafas, unas aletas, su traje de neopreno, de confección artesanal y a medida. Antiguamente usaban unos trajes de lino blanco, el tewak , y unos pesados cinturones de plomo llamados Yeoncheol para alcanzar el fondo marino. Por seguridad, siempre bucean en grupo, lo que ha estrechado el vínculo entre ellas. Hasta hace años, antes de su actividad diaria, se reunían en los bulteok, una especie de estructuras de piedra donde se preparaban para las inmersiones. Aún se ven restos de estas construcciones repartidas por la costa de Jeju y ahora disponen de modernas instalaciones para ducharse y cambiarse.

Se sienten servidoras y rezan al rey dragón del mar pidiendo abundancia en la cosecha y volver sanas y salvas. El instinto que han desarrollado para percibir el estado del mar y sus secretos, no se puede encontrar en ningún libro. Sólo ellas son capaces de interpretar el mar para trabajar y sobrevivir en él. Su relevancia económica en una sociedad matriarcal es de gran importancia ya que son el soporte financiero de la familia. Tal y como la autora apunta, las Haenyeo son mujeres fuertes, luchadoras y con un enorme calor humano. Y desaparecerán. No hay relevo generacional que esté dispuesto a hacer este trabajo toda su vida hasta. Al menos permitamos que en el presente, desarrollen su labor en aguas limpias. Permitamos que ellas mismas sigan vigilando el equilibrio de las especies marítimas y que vivan muchos años más. Mi intención con este proyecto, no ha sido otra que contar al mundo su historia. Una historia digna de ser contada.


Mi primer contacto con ellas fue en la costa de Gimneyeoung, en el norte de la isla. Desde las rocas de lava volcánica negra vi a un grupo de mujeres que buceaban en el agua. Salían unos segundos a respirar y de nuevo se sumergían agitando sus aletas en el aire para desaparecer en el agua. Configuraban un grupo de puntitos negros en movimiento, al lado de unas boyas de color naranja. Era una imagen rítmica y plácida. La costa estaba vacía y el mar calmo. Solamente sus cabezas, sus aletas y sus boyas. Me quedé impresionada de la paz y tranquilidad que transmitían. Eran como delfines emergiendo del agua y volviendo a sumergirse. Ellas, tan diminutas y tan solas en la inmensidad del mar parecían criaturas marinas. El viento soplaba y la brisa del mar se fundía con pequeños silbidos que hacían al salir a la superficie” (Blanesth)


Blanesth, nacida en Gijón, vivó su infancia rodeada de naturaleza amando y respetando el mar. La temática de sus obras siempre ha estado conectada con el agua. Comenzó su carrera como pintora en España, donde realizó su primera exposición en 1989. A continuación, se realizó una gran cantidad de exposiciones en diferentes ciudades españolas, así como en países como Portugal, Alemania y Luxemburgo. Actualmente vive y trabaja en Luxemburgo y Alemania.

Enlaces: Centro Cultural Coreano, Blanesth – [Imágenes cortesía del Centro Cultural Coreano y Arteinformado]

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