Ciclo “Tsai Ming-liang. Flujos de soledad” en la Filmoteca Española (Sept. 2020)

El Ciclo “Tsai Ming-liang. Flujos de soledad” de la Filmoteca Española ofrecerá durante septiembre y octubre la retrospectiva más completa dedicada al director en nuestro país, incluyendo varias de sus primeras piezas para TV, cortos inéditos, una sesión especial y la proyección de su nuevo largometraje.

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Durante los meses de septiembre y octubre de 2020 llega a la Filmoteca Española el ciclo “Tsai Ming-liang. Flujos de soledad“, en colaboración con Spain Moving Images Festival Madrid, AFIAS Asia Film Industry Association in Spain & LatinAmerica, Home Green Films, la Oficina Económica y Cultural de Taipei y el Ministerio de Cultura de Taiwan.

La retrospectiva más completa dedicada a Tsai Ming-liang (蔡明亮) en nuestro país incluye varias de sus primeras piezas para televisión, cortometrajes inéditos en España, una sesión especial que reúne “Dragon Inn” (King Hu, 1967) con “Goodbye, Dragon Inn” (Tsai Ming-liang, 2003) y la proyección de su nuevo largometraje, “Days”. Dentro de las actividades paralelas tendrá lugar una masterclass con el propio Tsai, quien compartirá sus experiencias con los espectadores madrileños. Esta actividad se llevará a cabo online en La Casa Encendida. Además se presentará un libro sobre el cineasta con textos de Jesús Palacios y Susana Sanz Giménez en la Librería Ocho y Medio de Madrid (Martín de los Heros, 11). Os dejamos un extracto al final de esta noticia.

Las proyecciones tendrán lugar en las Salas 1 y 2 del Cine Doré (C/ Santa Isabel, 3 – 28012 Madrid / Teléfono: 913693225). El precio de las entradas es de 3 € (Abono 10 sesiones: 20 € / Abono anual: 40 €) o si se pertenece a los colectivos de Estudiantes, miembros de familias numerosas, grupos culturales y educativos vinculados a instituciones, mayores de 65 años o personas en situación legal de desempleo la entrada sencilla será de 2 € (Abono 10 sesiones: 15 € / Abono anual: 30 €). Todas las sesiones son gratuitas para menores de 18 años.

TÍTULOS DE SEPTIEMBRE 2020:

  • Martes 1- 18:00h (Sala 2) – LIGHT (Tsai Ming-liang, 2018)
  • Martes 1- 18:00h (Sala 2) – YOUR FACE (Nin de lian, Tsai Ming-liang, 2018)
  • Miércoles 2- 21:00h (Sala 1) – AFTERNOON (Na ri xia wu, Tsai Ming-liang, 2015)
  • Jueves 3- 18:00h (Sala 2) – ALL THE CORNERS OF THE WORLD (Haijiao tianya, Tsai Ming-liang, 1993)
  • Viernes 4- 18:00h (Sala 2) – REBELS OF THE NEON GOD (Qing shao nian nuo zha, Tsai Ming-liang, 1992)
  • Sábado 5- 18:00h (Sala 2) – THE HOLE (Dong, Tsai Ming-liang, 1998)
  • Martes 8- 21:00h (Sala 1) – BOYS (Xiao hai, Tsai Ming-liang, 1991)
  • Martes 8- 21:00h (Sala 1) – IT’S A DREAM (Tsai Ming-liang, 2007)
  • Martes 8- 21:00h (Sala 1) – MOONLIGHT IN THE RIVER (He shang de yue guang, Tsai Ming-liang, 2003)
  • Viernes 11- 21:00h (Sala 1) – THE SKYWALK IS GONE (Tian qiao bu jian le, Tsai Ming-liang, 2002)
  • Viernes 11- 21:00h (Sala 1) – WHAT TIME IS IT THERE? (Ni na bian ji dian, Tsai Ming-liang, 2001)
  • Sábado 12- 21:00h (Sala 1) – VIVE L’AMOUR (Ai qing wan sui, Tsai Ming-liang, 1994)
  • Martes 15- 21:00h (Sala 1) – AUTUMN DAYS (Qui riu, Tsai Ming-liang, 2016)
  • Martes 15- 21:00h (Sala 1) – MADAME BUTTERFLY (Tsai Ming-liang, 2009)
  • Jueves 17- 18:00h (Sala 2) – VISAGE (Tsai Ming-liang, 2009)
  • Viernes 18- 20:30h (Sala 1) – DRAGON INN (Long men kezhan, King Hu, 1967)
  • Viernes 18- 20:30h (Sala 1) – GOODBYE, DRAGON INN (Bu san, Tsai Ming-liang, 2003)
  • Domingo 20- 21:00h (Sala 1) – EL SABOR DE LA SANDÍA (Tian bian yi duo yun, Tsai Ming-liang, 2005)
  • Jueves 24- 18:00h (Sala 2) – STRAY DOGS (Jiao you, Tsai Ming-liang, 2013)
  • Viernes 25- 21:00h (Sala 1) – I DON’T WANT TO SLEEP ALONE (Hei yan quan, Tsai Ming-liang, 2006)
  • Sábado 26- 18:00h (Sala 2) – THE RIVER (He liu, Tsai Ming-liang, 1997)

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ESTO NO ES UNA SANDÍA:


Extractos del texto de Jesús Palacios para el libro Tsai Ming-liang. Editado por AFIAS (Asociación de Industria del cine asiático en España y América latina) y SMIF (Spain Moving Images Festival). Madrid, 2020.

Puede parecer exagerado sugerir que Tsai Ming-liang es, a día de hoy, el más interesante de los cineastas surgidos al calor de la llamada Nueva Ola del cine taiwanés, que irrumpiera en los años 80 y 90 del siglo pasado en un panorama hasta entonces siempre fundamentalmente ligado a géneros cinematográficos populares y comerciales. Sin embargo, hay algo en el conjunto de la obra de Tsai Ming-liang que le singulariza y que, a lo largo de varias décadas y de poco más de una decena de largometrajes e incontables cortos y trabajos audiovisuales, ha sabido tocar una fibra sensible en el tejido de la crítica y la cinefilia internacionales: su manejo de un tempo narrativo suspendido en el vacío, sus repentinas incursiones en el camp, su “cinefagia” exenta de pedantería y sus pequeñas historias de alienación, amor y desamor, al borde de la abstracción, han calado profundamente, manifestándose antes en el silencio casi perpetuo y en el mutismo del plano fijo que a través de diálogos innecesarios o subrayados musicales, dejando que sean los cuerpos, las miradas y las ausencias quienes expresen su necesidad y nostalgia íntimas. Y lo han hecho gracias a la construcción de un universo propio a la vez que universal. Es posible que esta cualidad que trasciende y funde lo local con lo global y lo personal con lo universal en el cine de Tsai Ming-liang, provenga de su propia experiencia vital como artista apátrida, que afirma no sentirse perteneciente a ningún país o lugar concreto.

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Nacido en Malasia en 1957 de una familia de origen chino, el cineasta pasó los veinte primeros años de su vida en la ciudad de Kuching, en el estado de Sarawak, antes de emigrar a Taiwán, para graduarse en el Departamento de Cine y Teatro de la Universidad Cultural China, comenzando a trabajar para los escenarios y la televisión. Su llegada a la isla no hubiera podido ser en mejor momento, pues aunque todavía tardaría unos años en quedar firmemente establecida en el país, la democracia empezaba a abrirse paso, socavando el hasta entonces férreo sistema militar, ley marcial incluida, bajo el que se vivía desde 1949. Poco después de que el futuro realizador empezara a residir en Taipei, la capital del país, tendría lugar, en 1979, el famoso Incidente de Kaoshiung –también conocido como el Incidente de Formosa-, una manifestación pro-democracia que llamó la atención del mundo entero sobre las necesidades de cambio político exigidas por el pueblo de Taiwán.

No hay nada casual en el hecho de que fuera a la par que estos cambios cuando surgiera la conocida como Nueva Ola del cine taiwanés, que los expertos suelen dividir en dos oleadas diferentes: una primera durante los años 80, y una segunda en la década siguiente, que sería donde se encuadra la filmografía de Tsai Ming-liang propiamente dicha. La introducción de la democracia, con el reconocimiento explícito del derecho a la libertad de expresión, una mayor apertura hacia Occidente y un cambio de foco también en la política respecto a la China comunista, sólo podía favorecer la aparición de una nueva o nuevas generaciones de cineastas, educadas en la cinefilia, fascinadas por la Nouvelle Vague francesa, con una mirada cargada de sentido crítico e ironía puesta en la realidad de su país, atrevidas formal e ideológicamente, y especialmente preocupadas por el destino del individuo en esta renovada Taiwán, laberinto de identidades, tradiciones y pasiones. Tsai Ming-liang reinventa con su cine una poética existencial que sigue los pasos de Antonioni, Bresson y el Truffaut más “radical”, donde los toques de camp y la apropiación cinéfila funcionan como reflexiones no sólo de los estados de ánimo de sus personajes sino de la materia misma de la que está hecho el discurso cinematográfico.

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La recurrente sandía de Vive L´Amour (1994) es sin duda la sexualidad húmeda, la líquida pulpa psíquica de la que están hechos los deseos y pasiones silenciosas de sus protagonistas… Pero también puede leerse como un signo explícito de que “…como la rosa de Gertrude Stein, el pino de Francis Ponge o la pera de Wallace Stevens, la sandía de Tsai Ming-liang es mejor descrita cuando finalmente se dice `una sandía es una sandía´, sabiendo que tampoco es así”. O, por el contrario, parafraseando el célebre cuadro de Magritte: “esto no es una sandía”. A lo largo de los 90, el cine de Tsai irrumpe en festivales y certámenes internacionales. Su denominada “Trilogía de Taipei”, compuesta por su primer largometraje Rebels of the Neon God (1992); Vive L´Amour, León de Oro en la 51 edición del Festival de Venecia, y The River (1997), Premio Especial del Jurado en la 47 edición del Festival de Berlín, le establece como uno de los creadores cinematográficos más destacados no sólo en el ámbito asiático, sino mundial.

Despidiendo casi la década y el siglo XX, The Hole (1998) insiste en su juego con el camp y el musical, deudor también en parte de cierta admiración tanto por Jacques Demy como por las estrellas de los sentimentales musicales del cine clásico de Hong Kong con los que creció, obteniendo en Cannes el premio FIPRESCI. Durante la primera mitad de los 2000, contando siempre con su actor fetiche Lee Kang-sheng, Tsai Ming-liang trabaja a un ritmo imparable, alternando cortometrajes y piezas para televisión con sus largos: What Time Is It There (2001); la ya citada Goodbye, Dragon Inn, peculiar homenaje a Dragon Inn (1967), clásico wuxia del mítico director de cine histórico y de artes marciales taiwanés King Hu; El sabor de la sandía (2005), su única película estrenada en el circuito comercial español, brillante secuela de What Time Is It There, que reúne de nuevo a sus protagonistas en otra deliciosa orgía minimalista de “cinefagia”, homoerotismo y camp, y I Don´t Want to Sleep Alone (2006), coproducción con su Malasia natal que reincide en el tema del dolor, físico y emocional, que abordara ya anteriormente en The River.

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Después de un paréntesis inusual, el capital francés permite a Tsai Ming-liang realizar uno de sus sueños húmedos al filmar en París su siguiente largo: Visage (2009), con un reparto que constituye per se un guiño a la Nouvelle Vague, incluyendo nombres como los de Jean-Pierre Léaud, Jeanne Moreau o Fanny Ardant, junto al insustituible Lee Kang-sheng. En 2013, tras el estreno de Stray Dogs, nueva coproducción con el país galo y quizá su película más dura, tanto formal y estilísticamente como argumentalmente, galardonada con el Gran Premio del Jurado en la 70 edición del Festival de Venecia, el director anunciaba públicamente su intención de dejar de rodar largometrajes “comerciales”, tanto por motivos de salud como por elección personal estética y cabría casi decir ideológica. La actual industria cinematográfica no sólo de Taiwán, sino internacional, no ha dejado habitación propia para películas de peso medio, en el sentido de producción, exhibición y público, que no busquen el éxito de masas sino la relevancia artística del cine como medio de expresión y comunicación. Mientras desaparecen en todo el mundo las salas destinadas a películas de autor o de producción intermedia, la creación audiovisual de Tsai Ming-liang, se ha visto destinada progresivamente a las galerías de arte, las muestras en museos, los canales de internet y la televisión privada, alcanzando solo la gran pantalla ocasionalmente, gracias a festivales y certámenes internacionales.

La Nueva Ola taiwanesa es ya sólo un recuerdo para los cinéfilos, y a los directores estrella de la misma, como Hou Hsiao-hsien o el propio Tsai Ming-liang, solo les queda confiar en los festivales y en la bondad de los extraños, habitualmente los franceses. Afortunadamente, como casi todas las promesas, la de Tsai Ming-liang fue hecha para romperse, y en 2020 el veterano realizador, cuyo nombre es habitual encontrar entre los cien mejores cineastas de la historia, ha vuelto al formato del largometraje con Days, donde retoma en cierta medida el personaje de The River, para seguir la dolorosa peregrinación de Lee Kang-shen en busca de la curación para su dolencia crónica, que se transforma lentamente también en una suerte de recapitulación minimalista, homoerótica y casi abstracta de Breve encuentro (David Lean, 1945). Por si hiciera alguna falta, Days, confirma que si se trata de retratar la soledad, el dolor, la alienación (palabra clave en su universo) y la imposibilidad de hacer perdurar la empatía y el amor en un tiempo congelado por la cámara pero siempre fuera de campo, Tsai Ming-liang sigue siendo un maestro indiscutible.

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Enlaces: Filmoteca Española, Spain Moving Images Festival Madrid

 

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