Al rescate de la comedia independiente japonesa: Fuku-chan of Fukufuku Flats

La comedia: El género maldito, siempre favorecido por las preferencias populares y por tanto despreciado por los guardianes del buen gusto. Siempre infravalorada su relevancia y relegada a un segundo plano, frecuentemente injusto, a la hora de repartir laureles.

INFO

Texto original e imágenes de la presentación por Jose Montaño.

La producción de Fuku-chan of Fukufuku Flats (福福荘の福ちゃん, Fukufukusô no Fukuchan) puede, me permito añadir “y debería”, convertirse en un hito en la historia de la cinematografía japonesa. La industria cinematográfica nipona tiene un paradójico obstáculo, en la fortaleza de su propio mercado interno. Esto, que podría ser visto como una bendición, supone un lastre a la proyección internacional de una producción sobrada de calidad, que se mantiene sin graves problemas pero cuya inercia centrípeta lastra un potencial crecimiento en otros mercados. Un problema que se hace acuciante en el caso de producciones modestas y de carácter independiente, que requieren del circuito internacional de festivales para su viabilidad y para encontrar un público.

El director Fujita Yosuke, aún planteando un proyecto de presupuesto mediano y contando en su reparto con figuras televisivas, habitual gancho que garantiza el retorno de la inversión a cualquier estreno las salas japonesas, ha querido ir más allá en su propuesta. Al financiarse mediante coproducción con diversos países europeos, el proyecto de Fuku-chan adquiere inmediatamente una capacidad de traspasar fronteras que, incluso antes de su estreno, fructifica en una notable lista de festivales que han programado ya la cinta. Aún más importante: Fuku-chan of Fukufuku Flats es, ¡oh anatema!, una comedia.

El género maldito, siempre favorecido por las preferencias populares y por tanto despreciado por los guardianes del buen gusto. Siempre infravalorada su relevancia y relegada a un segundo plano, frecuentemente injusto, a la hora de repartir laureles. El desprecio a la comedia japonesa es, si cabe, más acentuado entre nuestros celosos analistas. Salvando la destacada excepción visionaria de Jordi Costa –que entronizara a Kitano y Matsumoto en su imprescindible Una risa nueva– el humor que impregna las obras de autores ampliamente glosados como Ozu o el propio Kitano es habitualmente obviado en la producción crítica de este lado del océano. Aún peor, no son pocas las ocasiones en que se afirma la imposibilidad de que nuestras audiencias puedan disfrutar la comicidad incomprensible y de vocación localista, nos dicen, que viene de oriente.

¿Será esta película útil para normalizar la presencia de cine independiente japonés en nuestras pantallas? ¿Servirá como ariete para derribar las puertas que nos hemos empeñado en poner a la comedia nipona? Es pronto para decirlo y la tarea impuesta es ardua como para fiarla a una sola película. Pero el visionado de Fuku-chan of Fukufuku Flats y la complicidad de BlogVisual me han motivado a iniciar aquí una serie textos con los cuales reivindicar el envidiable estado de salud de la comedia independiente japonesa.

 


 Fuku-chan of Fukufuku Flats


De izda. a dcha: Traductora, Adam Torel, Oshima Miyuki, Yosuke Fujita y Karen Severns, anfitriona y presentadora.

Tratando de desarrollar la propuesta para una nueva película, Fujita puso sus ojos en Oshima Miyuki, popular integrante del trio Morisanchu, famoso por sus apariciones cómicas en la televisión nipona. En el rostro de Oshima, el realizador creía encontrar una reencarnación del de Atsumi Kiyoshi, el malogrado actor que durante tantos años atrapase al público japonés con su interpretación del bonachón pero desgraciado Tora-san. Un rostro que sugería al realizador de una mezcla de sensaciones entre la nostalgia y la comicidad.

No es casualidad, pues, que el rostro de Oshima se configure como un elemento en torno al cual gira Fuku-chan of Fukufuku Flats, ni que el estudio de la serie de películas de Tora-san fuese la tarea impuesta por el director a su protagonista para preparar el papel. A partir de ahí, el resto de elementos que Fujita dispone en el guion tampoco parecen aleatorios. El trasfondo del acoso escolar, que en la historia sirve para explicar la timidez de Fuku-chan para relacionarse con chicas, está tomado de la biografía real de Oshima, como nos explicó en la reciente presentación de la película en la sede del Foreign Correspondents Club de Tokyo. Así transcurre la vida de Fuku-chan, entre la brocha gorda de su trabajo como pintor y la de trazo más delicado de esa afición por el dibujo y las manualidades que cultiva al regresar a su modesta vivienda de los pisos Fukufuku. Aficiones que ayudarán al bueno del protagonista en su sobrevenida tarea de armonizador de la convivencia de la singular comunidad de vecinos del edificio y que se contrapondrán con la pretenciosidad de un afamado fotógrafo de comportamiento tan excéntrico como el diseño de sus cámaras, recubiertas de material de colores reflectantes y con exagerados objetivos de resonancias fálicas.

Presentación de la pelicula con el director Yosuke Fujita, la protagonista Oshima Miyuki y el productor Adam Torel.

Ante la vanidad vacua del millonario fotógrafo, el doméstico arte de Fuku-chan se nos muestra pleno de sentido y utilidad mediante el gozo con que hacer volar las cometas que elabora. Puestos a señalar contrastes, es llamativo cómo el realismo y cotidianidad que desprende el tono de la narración entra en fricción con lo disparatado de los personajes y las situaciones que estos generan. Así todo el film se envuelve, de forma paradójica, en una estilizada atmósfera irreal que remite a los cuentos de hadas. Una sensación que aumenta con el transcurso del relato, cuando el cuento se revela como una libérrima interpretación de la ya clásica historia de la bella y la bestia, sólo que no sabemos cuál es cual. Quien debe purgar sus pecados de altivez y enamorar a la princesa toma aquí la forma de una joven hermosa, mientras que el papel de bella es encarnado por el tímido y poco agraciado Fuku-chan. Lo que plantea la película es una total subversión de la narrativa tradicional. Un cuento, donde no hay un protagonista esencialmente bueno y unos malvados que no lo son tanto, o si lo son están en lucha por redimir sus pecados y corregir las consecuencias de sus malas acciones.

Un  el cuento que acaba con el apocado príncipe siendo conquistado por la princesa azul. Una comedia en que, como broma final (o sería mejor decir inicial), la princesa azul conquista a otra princesa, ya que Oshima Miyuki es una actriz. En definitiva, esta jugosa película establece una experimentación con los motivos y formas tradicionales de narración, que viene a recordarnos que, buena parte de lo más interesante que genera el cine japonés contemporáneo, está en la comedia independiente.

Como siempre, esperamos conocer vuestras impresiones tanto en los comentarios de esta entrada como en nuestras cuentas de Facebook o Twitter. Desde aquí sirvan estas palabras para agradecer a Jose Montaño su colaboración que, si todo va bien, seguirá pronto con nuevos e interesantes artículos.

Enlaces de interés: Web oficial de la películaForeign Correspondents Club de Tokyo

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