A Maid For Each (مخدومين) de Maher Abi Samra

Hemos tenido la oportunidad de poder ver el documental libanés “A maid for each” (مخدومين) de Maher Abi Samra durante el Festival de Granada Cines del Sur y no puedo más que decir que me ha parecido brutal y excepcional, tanto en su proceder como en su realización.

Póster de la película

Para una población estimada de 4 millones de habitantes, el Líbano cuenta con más de 200.000 trabajadoras domésticas extranjeras que proceden de países con no pequeñas dificultades sociales y conflictos armados como Filipinas (Sudeste Asiático), Siria (Oriente Medio) y Eritrea (noroeste de África). Las trabajadoras son tratadas como mera mercancía, careciendo en sus contratos de todo tipo de derecho elemental. ¿La esclavitud del siglo XXI? El documental sigue la actividad de una de las agencias que opera en el mercado: El Raed. En su interior descubriremos cómo se escogen a las trabajadoras a partir de muestrarios, de un catálogo, como si se estuviera eligiendo un mueble más de la casa. Asistiremos a la indefensión de las mismas ante cualquier problema doméstico y nos sorprenderemos ante las peticiones de los clientes, entre otras cosas.

 


He de mencionar antes de meterme de lleno en la reseña de este documental que ojalá se siga manteniendo el apoyo para poder sustentar festivales de tanta calidad como el Cines del Sur de Granada. Sin lugar a dudas, entre todas sus obras seleccionadas siempre hay -y normalmente una gran cantidad de ellas- películas y trabajos que consiguen llegarte, de un modo u otro. Algunas lo hacen conmoviéndote en el buen sentido de la palabra, otras en cambio lo hacen pero en el lado contrario, dándote un golpe en el estómago. Tal y como nos comentaba el propio director de programación, Casimiro Torreiro, antes de la proyección del documental, es una obra que no se puede disfrutar en el sentido estricto de la palabra, pero cuyo visionado es necesario. No recuerdo quién fue quién dijo la frase que Torreriro nos recordó: “La esclavitud no se abolió, sigue existiendo pero con otras formas, con otros nombres“. No podía estar más de acuerdo y eso es lo que vamos a ver en “A maid for each” (co-producción entre Líbano, Francia, Noruega y Emiratos Árabes Unidos).

La cinta dirigida por Maher Abi Samra (Beirut, 1965) fue seleccionada en la sección Forum del Festival Internacional de Cine de Berlín del año 2016 y actúa como un espejo que refleja la miseria de una realidad social que viven miles de personas. Estamos hablando de una película-documental cuya duración es de 67 minutos, pero que ya te deja noqueado desde el primer minuto, donde a través de unos travellings  y unas declaraciones en primero plano nos presenta toda una declaración de intenciones. Es evidente que, al igual que ocurre en muchos otros lugares del mundo, el tener una asistenta (prefiero llamarlo así ya que creo que en muchos casos se “tiene” como si fuese una posesión y no se les considera “trabajadoras domésticas” que suena más suave que criadas o asistentas) es motivo para considerarse dentro de un grupo social “mejor”, de mayor categoría. Por un lado, tenemos esta necesidad de ascender socialmente, de ser “alguien” por el simple hecho de tener una persona en casa que se ocupe de todo. Y cuando decimos de todo, es de todo: limpiar, cocinar e incluso criar a los hijos de tus empleadores. No es raro encontrar testimonios donde realmente esos hijos le han cogido tal apego a sus “nannys” que las consideran como si fuesen sus propias madres.

Esto me recuerda, pero manteniendo las distancias, al film de Anthony ChenIlo Ilo” (que aquí conocimos como “Retratos de familia”). Por otro lado, se encuentra la cara menos amable de todo esto, pues la gran mayoría de esas chicas provienen de paises con grandes problemas sociales o que están en guerra. Es lo necesario para que muchas de ellas sean ofrecidas por mafías, se trafique con ellas como si fuesen mercancia, no personas. Da igual de dónde vengan o el idioma que hablen, simplemente tienen que hacer bien su trabajo y gustar a quienes las compran (pues si no, ocurre algo así como si fuese un producto defectuoso, donde “si no te gusta, puedes devolverla”). Es terrible ver como eligen en una agencia a través de un catálogo a la chica que quieren, según su edad, su aspecto o su carácter. Pero peor es incluso ver el trato al que están sometidas en muchos casos, tal y como vemos en el documental: “Si el hombre no te pega -y puede hacerlo si quiere-, debes estar contenta, no te quejes”, “la dejamos llamar a su casa tres veces al mes y no una” o “mi hermana cuando va de compras siempre le trae algo”. No sé si es peor eso o que sea algo natural el que cuando vas a comprar una vivienda, sobre planos, tengan ya destinado un habitáculo (me niego a llamar a eso Maid’s room, porque no es una habitación) para las asistentas.

Eso sí, normalmente escondidos del resto de habitaciones de la casa o lo más apartado posible. Pero ante todo, si la historia es dura, lo es más aún la puesta en escena que el director nos presenta. Unos planos y una fotografía muy cuidada, llenos de simbolismo, donde cada detalle está pensado al milímetro. No llegaremos a ver nunca la cara de estas chicas, simplemente veremos luces que se apagan y se encienden, a la par que sus sombras -toda una declaración de intenciones- para decirnos claro que no son personas, son eso mismo, una sombra que aparece y desaparece sin que nadie se moleste por ello. Son luces en las fachadas de los edificios, en esas grandes urbes donde “viven” en habitaciones tapadas para que no ses les vea, pues incluso pueden llegar a ser motivo de vergüenza por hablar de ello para algunos… Escucharemos sus voces y alguna de sus reivindicaciones, que serán contrarrestadas con excusas tan cabronas (permitidme el término) como justificando lo que les ocurre (podéis volver a leer las frases que he mencionado antes).

Es brutal, terrible, del mismo modo que lo es el funcionamiento de la propia agencia y su personal. Manejan distintos idiomas para poder entenderse con los captadores de otros países y no dudan en enseñarnos, como si de una clase con una pizarra se tratase, el funcionamiento, ganancias y posibles problemas derivados de obtener chicas de un país o de otro. No quiero alargarme demasiado, simplemente espero transmitiros de un modo correcto mis impresiones después de ver una cinta demoledora y muy dura, muy real. No es un dolor físico lo que te deja, sino más bien emocional. Ese sentimiento de ponerte en la situación para ser más empático y vivirlo en primera persona. El saber que ya antes de verla eramos conscientes de que existen estos problemas, de que existe este modo de esclavitud, aunque se haya querido “suavizar” la terminología y sus implicaciones. De que, desgraciadamente, no es hasta que ocurre algo “grande” (como cuando se derrumba un edificio abarrotado de trabajadoras ilegales para grandes marcas y muere un gran número de personas) cuando, durante un breve periodo de tiempo, de verdad dejan de ser invisibles.

Enlaces: Web Oficial Icarus Films

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Un comentario el “A Maid For Each (مخدومين) de Maher Abi Samra

  1. Documental totalmente merecedor de esa Alhambra de Plata. Y, como ya dije al salir de verlo, autentica y real trata de chachas. Y no sólo en el Líbano. Por eso, y me reitero también, me llamó la atención la participación de Noruega. País en el que la mayoría del servicio doméstico (interno) es de origen filipino.

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