El olmo del cáucaso (櫸の木) y otras historias, de Jirō Taniguchi

Si las historias largas de Jirō Taniguchi son impresionantes, no lo dejan de ser sus historias cortas. Gracias a Ponent Mon hemos podido disfrutar de ‘El olmo del cáucaso y otras historias…‘ (Keyaki no Ki / 櫸の木), que reúne 8 fantásticos relatos que hoy reseñamos.

SINOPSIS MANGA

Los señores Harada se acaban de cambiar de casa y se encuentran con un inesperado olmo en su jardín. Los señores Kinoshita tendrán que hacerse cargo de su nieta Hiromi durante una semana, aunque a la pequeña le cuesta acostumbrarse. El señor Iwasaki se reencontrará con dos importantes personas en su vida después de muchos años. El señor Sakamoto tendrá que visitar a su hermano mayor al que, pese a la edad, le sobra más fortaleza y vitalidad que a él mismo.

La señora Komaki siempre ha mantenido una relación agridulce con su hermano debido a la distancia. La señora Otani descubrirá que no hay edad para hacer amigos y volver a enamorarse. Los hermanos Hiroshi y Yôji se perderán en un bosque cuya salida parece transportarles a descubrir una verdad que les hará madurar. Y por último, Noémi descubrirá que el tiempo todo lo cura y que, cueste lo que cueste, al final uno termina asimilando y adaptándose a los cambios.

En esta colección de relatos, niños y adultos sortean las vicisitudes de la existencia, solos frente a sí mismos y a sus esperanzas…


El olmo se erguía con firmeza, como si empujase contra el cielo nublado, y les contemplaba desde arriba. Como si fuera un gigante que, aceptando su destino, esperaba su final…


Jirō Taniguchi (谷口ジロー) nació en Tottori el 14 de agosto de 1947 y durante su carrera como mangaka nos deleitó a todos con una importante cantidad de obras de una calidad excepcional en todos los sentidos, tanto a nivel argumental como a nivel gráfico. Su perdida el pasado 11 de febrero de 2017 ha sido un duro golpe para todos los aficionados que el autor ha ido acogiendo a lo largo de todo el mundo. En palabras de Ponent Mon, la editorial que más apostó por acercarnos a las obras del maestro en unas ediciones fantásticas, se nos ha ido “un artista irreemplazable que nos cautivó con sus viñetas cargadas de la más bella narrativa”. No podría estar más de acuerdo con ellos, después de haber disfrutado de títulos como ‘El rastreador‘, ‘Un zoo en invierno‘, ‘Los guardianes del Louvre‘, ‘El viajero de la tundra‘, ‘El sabueso‘ o ‘El caminante‘, por citar algunos de ellos. Taniguchi comenzó su carrera siendo el asistente del dibujante Kyota Ishikawa y fruto de ese trabajo, debutó en el mundo del manga con ‘Kareta Heya’ (La habitación ronca), publicado en 1970 en la revista Young Comic. En todos estos años, se ha codeado con grandes del panorama artístico como el guionista Natsuo Sekigawa (con el que produjo ‘La época de Botchan’, por poner un ejemplo),  Jean Giraud (más conocido por Moebius, con el que nos trajo ‘Icaro’), Masayuki Kusumi, Frédéric Boilet o como en este caso que hoy nos ocupa, con Ryuichiro Utsumi.

Si bien Taniguchi siempre se ha sentido atraído por todas las corrientes y movimientos artísticos, se ha movido por distintos géneros en cuanto a temática de sus obras (incluso se atrevió a ilustrar una enciclopedia de animales de la prehistoria), sin duda donde más destacó y por lo que fue reconocido y aclamado a nivel mundial fue por sus obras de corte costumbrista. Esas obras en las que el tiempo parece detenerse para que nosotros, los lectores, podamos deleitarnos con sus historias, disfrutar de los paisajes, de los caminos a recorrer, de la gente que da contexto a sus historias. Quizás estas historias han marcado la diferencia con respecto a otros autores y por ello consiguió colocarse en un alto puesto, tanto por encima de otros autores como por la estima que los aficionados le teníamos. En ‘El olmo del cáucaso y otras historias’ Taniguchi consigue junto con Utsumi, evocar a través de ocho pequeños relatos y con una gran sutileza aquellos momentos de distanciamiento y reflexión que deciden una vida. Historias que una vez más nos hacen reflexionar durante y después de su lectura, especialmente a aquellos que por nuestra edad ya llevamos alguna experiencia a nuestras espaldas.

Me refiero a que, como ya comenté en la reseña de ‘La montaña mágica’, las obras de Taniguchi por lo general van a ser disfrutadas a distintos niveles dependiendo de la edad del lector. Yo, que hace poco me metí en la treintena, soy capaz de ponerme en algunas situaciones que obviamente cualquier quinceañero quizás no sea capaz, aunque no por ello vaya a dejar de disfrutar de estas obras, aunque a otros niveles. Con la misma agudeza y emoción de siempre, a través de estas más de doscientas páginas, el autor nos invita a una búsqueda llena de inteligencia, en pos de la paz interior. Relatos a través de los cuales se nos muestran y plasman sentimientos inherentes al ser humano. Sin lugar a dudas, entre todos estos relatos vamos a hacer como propios una serie de mensajes como la importancia de la relación que desde antaño ha mantenido el ser humano con la naturaleza, así como todos los diferentes aspectos y secretos que guardamos en la relación que mantenemos con otras personas. Aspectos positivos como la preocupación, la empatía, la fortaleza que somos capaces de sacar para superar los obstáculos o los valores que nos transmitimos de generación en generación. Y aspectos negativos como los sentimientos de soledad y vacío, del olvido.


El cuadro que tenía delante, “Muchacha abrazando a un muñeco”, era diferente de cualquier otro, aunque sus colores fueran los mismos. La niña de este cuadro no tenía ni un resquicio de dulzura, al contrario que las niñas de los otros…


Quizás estos últimos no sean tan negativos, pues depende de la situación en muchos casos aportan más a la persona, del mismo modo que en muchas ocasiones es mejor guardar un secreto o no decir la verdad si con ello vamos a herir los sentimientos del inocente que por desconocimiento es feliz. Estados de ánimo que influyen en la percepción de lo que acontece a nuestro alrededor. Sin duda, la importancia de los recuerdos es algo que nos forma como personas y que hace que seamos capaces de actuar de un modo diferente dependiendo del contexto y de la experiencia vital que hayamos adquirido durante los años. He de mencionar que si bien Taniguchi tiene una narrativa muy personal, donde consigue dar vida a sus personajes de un modo pausado, tranquilo a la par que dinámico, aquí Taniguchi no ha sido el guionista, pues “simplemente” ha sido quien ha dado forma a través de sus dibujos y sus viñetas a la prosa de Utsumi. Un grato descubrimiento, sin dudas, de un autor desconocido para mi y que parece tener un especial toque para sus tramas. Unas historias que a nivel argumental son una delicia, y que sin querer entrar en analizar una por una para que podáis descubrirlas por vosotros mismos, solo puedo decir que son unas pequeñas joyas en bruto que han sido pulidas con el dibujo de Taniguchi para obtener unas pequeñas piedras preciosas.

Y es en ese dibujo donde siempre, y sí, digo y remarco lo de siempre, Taniguchi me sorprende. No es el primer autor que consigue transmitir a través de la gestualidad, de las miradas y movimientos de sus personajes, pero estoy seguro de que tardaremos algún tiempo en encontrar a otro que sea capaz de acercarse a su nivel. Si ya de por sí es complicado transmitir a través del texto si no se hace de un modo marcado y buscado, pormenorizado, lo que me fascina es la “sencillez” que en apariencia tiene su dibujo en contraste con la complejidad que se requiere para conseguir transmitir al lector a través de las viñetas. Es ese lenguaje no verbal del que muchas veces he hablado el que consigue hacer que los silencios tengan sonido, que una boca cerrada sea capaz de hablar al unirse con el movimiento corporal o los gestos de las cejas, de los ojos -impecables miradas-. Sin importar si se trata de niños, mayores o incluso animales. De hecho, diría aún más, es que hasta la propia naturaleza (como es el caso del olmo) o los elementos como el viento se convierten en personajes propiamente dichos. Mención especial, dicho sea de paso, a las “portadillas” que encontraremos antes de comenzar cada uno de los relatos. Verdaderas obras de arte.

Por todo lo anteriormente citado, no puedo más que reiterarme en volver a recomendaros la obra de Jiro Taniguchi. Obras llenas de sentimientos, de valores que nos hacen ser mejores personas, de valorar lo que tenemos, de reflexionar a través de unos personajes muy bien definidos, de miradas llenas de expresión, de silencios que hablan, de paseos que nos transportan a otras épocas. Y que, como en este caso, hay que aprender a valorar lo que tenemos. La familia especialmente, así como la importancia del tiempo que dedicamos a realizar cosas banales y que no nos aportan nada a la hora de la verdad. Hay que intentar ser lo más felices que podamos mientras vivimos, pues el tiempo el algo efímero que con su paso solo nos hará añorar y recordar épocas pasadas, en las que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”, o todo lo contrario, “mañana será mejor”. No es necesario esperar para descubrirlo, es un camino que podemos ir labrando día a día… y mañana, ya se verá. Si os apetece, como siempre, esperamos conocer vuestras impresiones en nuestras cuentas de Facebook y Twitter. o bien a través de los comentarios en esta misma entrada.


Las manos de su suegra acariciaban su espalda. Dejándose llevar por una cálida ola surgida del fondo de su corazón, sentía la sonrisa de su marido…


Lo mejor:

  • Si bien son ocho relatos breves, en cuanto a contenido argumental y sentimental son bastante intensos.
  • Interesante descubrimiento de los textos de Utsumi. Un fantástico modo de acercarnos a otro autor japonés. Todos los relatos mantienen el listón bastante alto, cuesta decantarse por unos antes que por otros.
  • El dibujo… que decir a estas alturas. Una preciosidad al nivel que solo Taniguchi era capaz de llegar.
  • Edición en tapa dura muy recomendable.

Lo peor:

  • Aunque lo descubrimos después, un fallo en la edición nos deja sin conocer el título del segundo relato hasta el final (El caballo blanco de madera).

analisis edicion MANGA

Ponent Mon nos presentó en junio de 2016 una fantástica re-edición de ‘El olmo del cáucaso (櫸の木) y otras historias‘, de Jirō Taniguchi, en formato tradicional cartoné sin sobrecubiertas (tapa dura, con cuadernillos cosidos) y con unas medidas de 25 x 17 cm. y un grosor de 2,3 cm. Un tamaño fantástico y unas tapas rígidas que le dan mayor consistencia al conjunto (como las de las reediciones de Barrio Lejano u otras más recientes). La edición contiene un total de 224 páginas presentadas en blanco y negro. Para la traducción contamos con el trabajo de Shizuka Shimoyama y Miguel Ángel Ibáñez Muñóz. Este último, habitual de la editorial que ya nos ha ofrecido sus adaptaciones de ‘Emanon Recuerdos‘, ‘Emanon Vagabunda‘, ‘El último vuelo de las mariposas‘, ‘La bestia‘, ‘El viajero de la tundra‘, ‘El rastreador‘ o más recientemente de ‘Ciudad de Yotsuba: barrio de Hanazono’, por poner unos ejemplos. Así que sin duda, una vez más, el trabajo ha sido estupendo.

La rotulación ha sido obra de Ill Wind Tidings y la adaptación gráfica de Frédéric Boilet con la colaboración de Fred Boot, Tomoaki Shimada y Yasuko Yubisui. En cuanto a la lectura, por expreso deseo del autor nos encontramos con un sentido de lectura occidental. Pese a que la obra está dividida en 8 capítulos, no contiene un índice propiamente dicho. Pero como siempre, os hacemos aquí el desglose: 01- El olmo del cáucaso, 02- El caballo blanco de madera, 03- Reencuentro, 04- La vida de mi hermano, 05- El paraguas, 06- Los alrededores del museo, 07- Atravesando el bosque y 08- Su pueblo natal.  Eso sí, como extra contamos con un epílogo/ensayo de Yoshikawa Ushio (de 4 páginas de extensión) titulado “La gentileza de las obras de Utsumi“.

Su precio recomendado es de 20,00€ y podéis adquirirlo en la web de Ponent Mon (con envío gratuito en la Península, por mensajería) o en tiendas especializadas como Amazon.es (donde se puede encontrar con un 5% de descuento). Y si os apetece leer algunas páginas para terminar de convenceros de su adquisición, podéis hacerlo desde aquí gracias a Ponent Mon. Sin duda alguna, merece muchísimo la pena.

 

EnlacesPonent Mon

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Un comentario el “El olmo del cáucaso (櫸の木) y otras historias, de Jirō Taniguchi

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